El viento agitaba sus cabellos al mismo ritmo que mecía las olas del mar de media tarde pero ella no lo notaba, miraba el horizonte con la desesperación pintada en la cara. Hacía mucho que su marinero debía haber vuelto, ya no sabía cuanto. Tal vez había pasado horas o días desde la tormenta. Los trozos de los barcos seguían llegando a la orilla mástiles y lonas, maderas tan destrozadas que nadie sabía decir a qué parte del barco podrían haber pertenecido, cajas y prendas además de otros utensilios asolaban la orilla constantemente. Entre toda la basura iban apareciendo cadáveres de pescadore, pero su marinero, su dulce y amable marinero, seguía sin volver a casa.
Ánge
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes dar tu opinión pero no de forma ofensiva.